Más tarde, en sexto curso, pasé de tener un solo profesor para todas las materias a tener uno por cada asignatura; y de todos ellos (todos eran hombres), fue el profesor de pretecnología quien terminaría cautivándome.Se parecía a Steve McQueen y me obsesioné con él de una manera insana. Me gustaba su mirada azul, me encandilaba su acento madrileño, admiraba sus manos grandes de palmas rosadas. Me encantaba acudir a sus clases y poder mirarlo todo lo que quisiera. En los recreos lo buscaba en el patio y acercaba mis movimientos a los suyos. Cuando salía del colegio seguía pensando en él, y por las noches, en la soledad íntima de mi cama, también seguía pensando en él...
Se daba la circunstancia de que este profesor me trataba distinto respecto a los demás compañeros: le gustaba mi formalidad y mi manera de trabajar. Creo que quería sacar lo mejor de mí y se empeñaba en que, juntos, puliésemos los dibujos, las marqueterías, las figuras de arcilla, hasta que todo quedase perfecto. Por supuesto, este interés, por su parte inocente, fue alimentando la quimera enfermiza de que pudiera sentir algo especial hacia mi pubertaria persona.
Pero a mí no me bastaba aquella atención: requería más de él, sobre todo cuando volvía a casa y debía rellenar tantas horas en su ausencia. Busqué su número en la guía telefónica. Lo llamaba cuando en mi casa no había nadie, sólo para escuchar su voz grave, masculina, dedicada a mí; y me fastidiaba muchísimo cuando era su mujer y no él quien respondía al teléfono.
Lo necesitaba para mí sólo, ansiosamente, y mi obsesión no correspondida me hacía sufrir sobremanera. A veces perdía el apetito, estaba triste, no quería salir con mis amigos. Poco a poco, en mi cabeza, empezó a gestarse la idea de que aquello no era normal. No podía seguir negándome a mí mismo que lo que me pasaba no tenía nada que ver con lo que podría contarme, por ejemplo, cualquiera de mis compañeros de clase, que ya empezaban a tontear con las niñas. Me gustaba un hombre y yo era un chico, mientras que todo el mundo a mi alrededor opinaba que ese tipo de atracciones eran despreciables.
No me preocupaba, empero, lo que pudieran decir los demás sobre mí, puesto que yo seguiría igual, sin desvelar nada, creyendo que era lo mejor que podía hacer. Lo que centraba mi atención, lo que me inquietaba y me hacía estar realmente mal, era no poder estar con él, sentirlo mío. Precisaba urgentemente abrazarlo, besarlo, acariciar su cuerpo, ofrecerle el mío para que sus manos lo recorriesen por completo. Y todo eso no se producía y sabía que no produciría nunca. Por mucho que me empeñase, por mucho que llorara y la rabia me invadiese, nada de lo que deseaba con todas mis fuerzas podría hacerse realidad.

9 opiniones:
Hey, you have a great blog here. I know this has nothing to do with your site but I have a new blog that I'm just starting and I could really use some help. I'm not to sure what I should write about. I gave my blog a cool title which seems to attract visitors:
www.adminsupervisor.blogspot.com
but I only have one post on it at the moment. Have you got any suggestions??? Take a look if you get the chance. I want my blog to be cutting edge...a good read. lol...your'll understand when you see it!
The other site I have is a work from home site. Its all about, need I say it, working from home. I think people should have the choice to build their own income instead of somebody else’s. Freedom of well being and all of that...anyway take a look see what you think.
Keep up the good work, I'll be back to visit + I'll be at any suggestions you have about my blog.
Adrian
No recuerdo haberme encandilado de ningún profesor durante mi infancia, adolescencia o más adelante. Creo que ninguno me hacía la gracia suficiente.
Un saludo.
yo me enamoré de mi professor de literatura. en sus clases siempre habia un charco mio de baba por el suelo.
A mi tampoco me pasó esto y me alegro porque bastante tuve con lo mio.
Escribes magnificamente, te pondré un enlace (no estás obligado a ponerme alguno)
Que malo es el punto cuando el medio comienza a contagiarte con ideas como que la homosexualidad es "mala"...
Saludos desde Chile
Esa sangre capitán... cuando tienes a alguien delante que se parece a Steve Macqueen no hay que pensarlo. Hay que mordelo.
Seguro que Ally Macgraw estaría de acuerdo. O no...
(Lo de ahí arriba es un spam. Matamatamata...)
¿Porqué tuve que tener tantas profesoras? ¿Porqué no recuerdo ningún profesor atractivo? ¿Porqué cuando iba a tercero de EGB me gustaban muchísimo los de octavo de EGB?
Me parece que este blog tendría que tener portada y aparecer en alguna librería, está muy bien escrito!
Tu historia me ha conmovido. Yo únicamente conozco de primera mano la experiencia de un amigo mío, pero él sólo aceptó su atracción por otros hombres siendo ya adulto.
Yo lo que me sentí fue atraída por un alumno.
Recuerdo su examen oral. Si ya antes había sentido que me miraba de una forma especial, en aquel despacho, a solas, sus ojos verdes se clavaron en los míos y a duras penas mantuve la compostura.
No me suelen atraer los chicos jóvenes, todo lo contrario, pero aquél, a sus veinte años tenía una madurez poco frecuente. Y un cuerpo y una boca carnosa que me obsesionaban.
Para colmo le sabía condenado a una vida convencional en el pueblo donde vivía. Había visto a su novia, una chiquilla ignorante que nunca había salido de aquel agujero y con la que se casaría demasiado pronto.
A veces fantaseaba con la idea de recibirlo en mi casa e iniciarlo en los placeres que sólo una mujer con experiencia y algo de mundo conoce.
Aaayyy... Tantos hombres, tan poco tiempo, que decía Mae West.
Besotes, Capitán.
Uhmmm, ¿te pegó fuerte, eh? Nunca sentí atracción hacia los hombres mayores que yo.
A veces creo que he malgastado el tiempo sin pensar en nadie de esa manera, cuando era pequeño, digo.
Publicar un comentario en la entrada