
Que yo sepa, en mi trabajo sólo hay una persona sabedora de que me siento atraído sexualmente por los hombres y que en la actualidad comparto mi vida con uno; del resto no tengo ni idea sobre qué es lo que conocen o no sobre mí.
Esa persona es uno de mis jefes y transpira tanta probidad (sí, no me he equivocado, es que es muy bueno) que estoy completamente seguro de que le importa un pimiento lo que yo haga de puertas para afuera de la oficina. Tampoco me da la impresión de que sea uno de esos individuos que tenga la necesidad imperiosa de ir contando a los demás con quién se acuesta Menganito y Zutanito.
En fin, que exceptuando a este jefe, el resto de la plantilla parece no tener ni idea sobre mi homosexualidad, y eso que llevo más de dos años trabajando para la empresa. ¿Y no resulta muy extraño? Digo que no parecen tener ni idea porque nunca, jamás de los jamases, he escuchado de ellos comentario alguno al respecto, ni me han preguntado, ni nadie se ha mofado ni nada de nada. E insisto: es extraña esta situación, ya que trato de hacer una vida lo más normal posible. Me explico.
Hacer una vida normal implica que mis amigos y sus amigos saben cómo soy y quién es mi novio, en esta ciudad de interior tan pequeña y conservadora que más bien parece un pueblo (sin ánimo de ofender a las personas de origen rural; los que seáis de provincias supongo que comprenderéis lo que digo), pero en la que no tengo más remedio que ir cogido del brazo de Héctor simplemente porque me apetece, igual que de cuando en cuando me entran ganas de zamparle un beso y se lo doy.
De todas formas, estoy encantado con el hecho de que, aparentemente, en mi trabajo no sepan que me gustan los hombres. Por ahora no he encontrado allí a nadie que me merezca la suficiente confianza como para hacerle partícipe de esa parcela de mi vida: no tengo necesidad de ello. Cuando sí la tuve, ya se lo conté a mis padres y a mis amigos, y por ahora no he vuelto a experimentar dicha necesidad. Vivo estupendamente como estoy.
Editado en octubre de 2009 para contar que:
Me parece increíble que haya pasado tanto tiempo desde que escribiera esta entrada, y en este intervalo me han pasado muchas cosas. Pero en lo que respecta a los temas tratados, diré que sigo trabajando para la misma empresa, comparto mi vida con el mismo hombre y además encontré compañeros de trabajo con los que me apeteció hablar, por iniciativa propia, sobre mi homosexualidad.
Lo que yo no sabía era que la mayoría de la plantilla estaba al tanto de mi condición sexual, de modo que al final fui yo el sorprendido y no ellos. Y esto me llevó a pensar que la gente no es tan malvada como creemos. Yo respetaba a todos y a cada uno de mis compañeros y ellos me respetaron a mí al advertir que no me apetecía hablar sobre mi vida privada.
Es cierto que no todo el mundo tiene unos compañeros tan respetuosos como los míos; pero por lo menos mi ejemplo sirve para ilustrar que las cosas van cambiando, aunque muy poco a poco, para mejor.






